Todavía estoy intentando recuperar el Sol de esa tarde. Fue perfecto. El colectivo se movía aletargado, pesado por la atmósfera que tenía que cargar. Adentro todo se veía sepia. Las esquinas parecían no existir, sino que decidíamos doblar al unísono. Las calles eran un líquido y todos nosotros el recipiente: no tenían opción más que adaptarse a nuestra forma y voluntad.
Ella me miró y yo la nombré Ana. Escribí unos avergonzantes versos comparando su mirada con un martillo (o algo así) y mis pulmones con vidrio. Usé todos los sinónimos que conozco de "destruir" y me acordé de por qué está mal hablar de amor. "Hay muchas cosas que pueden pasar entre una mirada y enamorarse" todavía escucho cuando pienso en lo incorrecto que está usar esos términos, como si todo fuera lo mismo.
Me acuerdo de lo que tenía puesto (el sepia del aire; puede ser que surgiera de ella), de los ojos y de los labios. Desencadenaron recuerdos de todas las vergüenzas, pero en lugar de sonrojarme me reí como un idiota. Tampoco me importó. No se trataba de materializar a Ana en ningún tipo de contacto o relación, simplemente fue un momento de los que uno se imagina que están hechos los optimistas. Me concentré en guardarlo para después y hoy, cuando la marea estuvo más baja, alcancé a ver la isla húmeda de su cara -filtrada sepia- que asomaba.
Un par de pasos.
Siempre corriendo para los lugares que no son. Algunos parece que son espejismos, otros parece que me convierten en espejismo; se deshacen a medida que te acercás o hacen que te deshagas mientras más querés estar ahí. Al final, cuando me dijeron "vos para esto no estás", me parece que se referían a algo más general: no estoy para correr, no que no estoy para correr en esa dirección. Entonces salgo a caminar. Deambulo, dirán. Es mejor así: sin dirección, pero perseverante.
Anoto cosas en el celular, cosas para después o direcciones de lugares que me gustan. Eso último se siente prometedor: son como islas postergadas, viajes potenciales; King Kong estará en alguna. Como sea, son lugares a los que volver, pero mientras más procrastino visitarlas menos "volver" y más "ir" va a ser visitarlas. Es como improvisar escritura; es como conversar en forma de pasos, digo, caminar a la noche. Es, también, uno de mis momentos favoritos para pensar. Todas las cosas concuerdan en que es de noche y confabulan para encontrarse en ese estado. No soy quién para contradecirlas.
Anoto cosas en el celular, cosas para después o direcciones de lugares que me gustan. Eso último se siente prometedor: son como islas postergadas, viajes potenciales; King Kong estará en alguna. Como sea, son lugares a los que volver, pero mientras más procrastino visitarlas menos "volver" y más "ir" va a ser visitarlas. Es como improvisar escritura; es como conversar en forma de pasos, digo, caminar a la noche. Es, también, uno de mis momentos favoritos para pensar. Todas las cosas concuerdan en que es de noche y confabulan para encontrarse en ese estado. No soy quién para contradecirlas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)