¿Cuánto hace ya de Magdalena?

Hay mujeres de las que no me puedo olvidar. Con algunas no tuve nada, con otras tuve algo fugaz, con unas tuve algo eterno y con otras algo fugaz que surgió de algo eterno. Son todas tan diferentes y las relaciones que tuve con cada una son de categorías tan incompatibles que parecería difícil encontrar algún punto en común aparte de que se cruzaron conmigo. Pero estoy bañándome o dibujando o escribiendo, estudiando o armando una computadora y de repente veo un disipador o leo una idea dorada como la memoria, y ahí están de nuevo. No diría que me acechan o persiguen, pero siempre me agarran por sorpresa. Es como acordarse de un sueño o resolver un problema subconscientemente y que la mente te muestre la solución en una pancarta gigante. A veces asusta un poco.

Es difícil no pensar en mi madre. Pocas mujeres pueden tener ese efecto en tu vida. Me formó y deformó como sólo los padres pueden hacerlo. Le debo mis virtudes y mis vicios. No, ya es hora de responsabilizarme de mis virtudes y mis vicios. Pero digamos, si la vida es la posibilidad máxima (es la posibilidad madre), le debo, al menos, la mitad del agradecimiento por todo.

Hay muertes que definen tu vida tanto o más que las vidas con las que te cruzás. Es cierto que nos movemos paralelamente ansiando perpendicularidad, pero ¿perpendicularidad con qué? Tiendo a creer que con otras vidas. Sin embargo, las muertes de esos amigos y familiares que se mantienen cerca también forman ángulos rectos con vos. Son esas muertes de la gente que no se va. Um die Ecke, sozusagen. Al final, no somos una línea en búsqueda de intersecciones, sino una grilla, pero siempre estamos, parece, en el extremo más vacío. Dejamos muchas esquinas atrás. Creo que sin darnos cuenta buscamos ese efecto, la huella de la perpendicularidad, y no necesariamente el cruce físico.

De las mujeres de las que no me puedo olvidar no hay ninguna que no esté tan ausente que sería lo mismo que hubiera muerto. No sé bien cuál es la diferencia entre la muerte y esa ausencia prolongada si todo sólo es posible percibirlo desde mí. Supongo que si uno sabe de la muerte, entonces, puede ser distinto; pero si las condiciones están dadas sólo con la ausencia, lo único que falta es convencerse a uno mismo de que es permanente. Me pregunto si las intersecciones con ellas no habrán tenido ese efecto de gravado porque ya mi mente se convenció de que murieron. Siempre tuve esa cosa de no querer repetir relaciones. Tal vez sea una forma de mantener la ilusión y ahora sólo falta que me sorprenda con esa pancarta.